Fiestas Menores

Algunas de las conocidas como fiestas menores están aqui representadas.

Ascension

...”LOS PELOS DE PUNTA”.

Ateca 23 de Mayo de 2009: doce del medio día, un año mas repicarán las campanas y suenan los cohetes anunciando vísperas.
Es “la Ascensión”, los chavales saben que por la tarde a eso de las seis en el ARCO DEL AREAL podrán dar con el palo a las cucañas y jugar y bailar, esperando que no llueva como casi todos los años, pero para eso ya se encarga el Yagüe de no poner las banderas para no atraer la lluvia. Pero al final cae un chaparrón de espanto (por poner las banderas).

A eso de las once y media  suenan los cohetes anunciando el baile con la orquesta, que como siempre tocan para los mas valientes y menos vergonzosos ya que parece que en Ateca no sabemos bailar. El bar como siempre muy animado y en el intermedio se reparte el moscatel con pastas que siempre se agradece.

Al día siguiente 24 de Mayo, salimos temprano (a eso de las ocho y media, los mas madrugadores) hacia la ermita para escuchar la misa.
Seguidamente degustaremos la típica sangría acompañada de patatas fritas y cortezas que tan buenas saben a esas horas, para abrir el apetito ya que enseguida hacemos fuego para asar las chuletas y comernos la tortilla.
Sin hacer la digestión bailaremos el baile de la escoba acompañados por la charanga y seguidamente los mozos de todos los años harán el castillo humano que dio la vuelta a la ermita sin ningún percance.
Para bajar al pueblo tendremos algún atasco en el camino (como es tradición), el que tiene prisa busca algún atajo porque los jóvenes tienen ganas de broma.
Al llegar al ARCO los mismos mozos vuelven a hacer el castillo humano pero esta vez tienen que aguantar mucho mas porque después de pasar por debajo del ARCO DE SAN MIGUEL  recorren todo el AREAL BAJO hasta llegar a la plaza procurando de no caer, acompañados de la charanga “El Calamar” y los vecinos (eso si parando de vez en cuando). Una vez llegados a la plaza donde José Luis Morte hace un bandeo con la bandera encima del castillo que se nos pondrán a todos los pelos de punta, y con un fuerte aplauso y un montón de besos acabará un año más la fiesta de  la ASCENSIÓN.
Os esperamos los días 23 y 24 de Mayo para volver a pasarlo de maravilla.

Rosa yaggüe
Cofradía de la Ascensión del Señor.

San Gregorio

Los grandes trabajos de su predicación, las incesantes fatigas recorriendo las tierras asoladas durante los cinco años que duró su apostolado, debilitaron la salud del Santo a tal extremo, que pronto vio acercarse la hora de su muerte.

Edificando a todos hasta el último momento por su ardiente celo y extraordinarias virtudes, entregó su alma a Dios en Logroño, el 9 de mayo de 1044.

Habiendo vivido siempre el ilustre Cardenal sin otra voluntad que la de Dios, quiso hasta después de su muerte quedar a ella sometido, y dispuso que, colocados sus mortales despojos sobre un caballo, se enterarán allí donde éste pararse por tercera vez. Fue la caballería a parar en su tercera caída por un alto denominado de Piñalba, junto a Soriada (Navarra), donde había una pequeña ermita dedicada a San Salvador. Vivía allí un Santo ermitaño que recibió el cuerpo de San Gregorio y, con ayuda de sus discípulos, le dio cristiana sepultura.

Pasaron los años y, pese a los numerosos prodigios que se sucedieron, fue borrándose la memoria del Santo. Murieron sus discípulos donde habían enterrado a San Gregorio, pasó el tiempo y se perdió del todo el lugar del sepulcro.

Doscientos años más tarde, los obispos de    Pamplona y Bayona de Francia, Don Pedro Ximénez y Don Sancho de Axco, enterrados a su regreso de peregrinar hasta Santiago de Santiago de Compostela, de la existencia de los restos del Santo Obispo de Ostia, hicieron grandes rogativas para hallarlos y consiguieron, al fin, su objetivo de una manera milagrosa: vieron bajar del cielo unas luces que despedían sus rayos señalando el lugar con tanto afán buscado. Cavaron allí, afanosos, y a los primeros azadones, percibieron una deliciosa y suave fragancia.

Ante el inmenso concurso de gentes, quedó al descubierto la caja y todos cayeron de rodillas ante ella, dando gracias a Dios por el providencial hallazgo.

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